EMDR para procesar experiencias que se han quedado bloqueadas
A veces, hay experiencias que se quedan atrapada en el cuerpo y siguen afectando nuestro presente

¿Qué es el Trauma ?
Cuando vivimos una experiencia dolorosa, hay veces que es demasiado para el cuerpo y mente y se genera una disociación.
De esta manera, el cerebro nos ayuda a protegernos de aquello a lo que no podemos hacer frente. Pero esta protección puede ser disfunciónal con el tiempo, ya que el cerebro puede seguir activando esa misma respuesta defensiva en situaciones del presente que, en realidad, no tienen que ver con la experiencia traumática del pasado.
En este contexto, el EMDR ayuda a que esas experiencias puedan procesarse de forma adaptativa, permitiendo que el sistema nervioso integre lo vivido y reduciendo la necesidad de activar esas respuestas de defensa en el presente.


¿Cómo trabajo el trauma en terapia?
Procesar el pasado con EMDR: No nos limitamos a «hablar» del trauma. Utilizao el protocolo de EMDR para ayudar a tu cerebro a procesar los recuerdos que se quedaron «atrapados». El objetivo es que el recuerdo pierda su carga emocional perturbadora y tu cuerpo y mente dejen de reaccionar como si estuvieran ocurriendo ahora.
Recuperar tu ventana de tolerancia: De esta manera, se consigue la capacidad de regular las emociones y a sentirte segurx. Aprenderás a notar las sensaciones físicas sin que te desborden, ampliando tu capacidad para estar presente.
Con ACT, entenderás que tus reacciones (bloqueos, ansiedad o desconexión) no son fallos de tu personalidad, sino intentos de tu mente por protegerte de un peligro que ya pasó. Aprenderás que no eres «lo que te sucedió», sino la persona que observa y sana esa herida.
Vivir una vida dirigida por tus valores, no por tus heridas: Trabajaremos para que tus decisiones dejen de ser una reacción defensiva al dolor del pasado y empiecen a nacer de lo que tú realmente valoras hoy. Que seas tú quien dirija tu vida, y no el miedo a que la historia se repita.
El Resultado: Tú recuperas las riendas de tu vida
El resultado final no es solo que los recuerdos dejen de doler. Es alcanzar ese estado de paz y seguridad interior donde puedes:
– Habitar tu cuerpo con calma: Sentirte cómodo/a en tu propia piel, sin que las sensaciones físicas o las alarmas internas te gobiernen.
– Vivir en el presente, no en el ayer: Poder mirar al pasado como una historia que ocurrió, pero que ya no tiene el poder de dictar cómo te sientes hoy.
– Conectar de nuevo con los demás: Recuperar la capacidad de confiar, de vincularte y de disfrutar de lo que es importante para ti, sin el escudo de la hipervigilancia o el aislamiento.
– Tomar decisiones desde la libertad, no desde la supervivencia: Que tus pasos estén guiados por tus valores y tus sueños, y no por el miedo a que «algo malo vuelva a pasar».
Sana el pasado para poder construir el presente.

