Como practicante de meditación, defiendo sus beneficios igual que defiendo el deporte. Pero hay una línea que a veces se cruza: no es lo mismo hacer deporte para estar bien, que hacer deporte para huir de lo que está mal.
(No hablo de una depresión clínica diagnosticada, donde hay que tener en cuenta otros factores).
Me refiero a cuando usamos la meditación, los mantras o la filosofía «Zen» no para conectar, sino para anestesiarnos. Para imponernos una «paz mental» artificial y evitar sentir emociones que duelen. La meditación no es una herramienta para no sentir; es una práctica para poder dar espacio y aprender a sostener lo que sientes, por muy incómodo que sea. A veces, sanar no es «fluir», sino sentarse con el dolor, aceptarlo y sentirlo.
Si el origen de estas prácticas es el deseo de eliminar el malestar a corto plazo, es un mal negocio, ya que lo que conseguimos es que nuestra tolerancia al dolor disminuya.
Esta evitación disfrazada de espiritualidad se vende muy bien en redes, pero entra en conflicto con la psicología:
- El peligro del ¿Ego?: El gurú te dice que el sufrimiento nace de la ilusión del ego y que debes deshacerte de él. Para la psicología, en cambio, el ego no es un enemigo: es una función evolutiva y adaptativa. Necesitamos límites claros entre «yo» y «el otro» para operar en la sociedad, establecer consentimiento, protegernos de abusos y tomar decisiones. Perder por completo los límites del ego (la fusión absoluta con el entorno) en un contexto no regulado se puede parecer a la despersonalización o la psicósis.
- La trampa del Bypass Espiritual: Usar conceptos de vacuidad o desapego oriental para evadir heridas psicológicas, traumas no resueltos y responsabilidades emocionales no sana. «Disolver el ego» antes de haber construido una estructura de personalidad sana y fuerte no cura el trauma; solo lo escone bajo una capa de falsa iluminación. Para la psicología, primero hay que aprender a ser «alguien» (desarrollar un ego sano) antes de poder pretender ser «nadie» (alcanzar la trascendencia espiritual).
- El reduccionismo del presente: El gurú te dice que el pasado y el futuro no existen y que solo vivas en el presente. La psicología avisa aquí del peligro de la amoralidad, el hedonismo y la adicción. El cambio real requiere autodisciplina, estructura y, a menudo, resistirse activamente a los impulsos inmediatos del momento presente.
El camino largo
Frente a la promesa de la iluminación rápida, la psicología científica —a través de enfoques como la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) o la Terapia Dialéctica Conductual (DBT)— practica la meditación con sentido, estructura y los pies en la tierra.
Una vez más, el secreto es que no hay secretos: la evitación espiritual nos vuelve más débiles, mientras que el camino real se cambia con paciencia, acompañamiento, esfuerzo, compromiso y tiempo.

