¿Cuales son tus manías? ¿Te gusta dejar siempre la cama hecha antes de salir de casa? ¿Pones el volumen de la tele en un número par? ¿Te gusta que las cosas esten limpias y ordenadas? Todos y todas tenemos nuestras manías, y estas son funcionales siempre y cuando no intervengan en nuestra vida diaria y no nos lleven más tiempo del deseado. En las personas con TOC, estas «manías» se convierten en compulsiones para evitar pensamientos o emociones. Y por eso, una vez más, podemos decir que lo que se define como trastorno o diagnóstico de salud mental o la ausencia de ella, no es más que una expresión desmedida de lo que cualquier ser humano puede experimentar en su vida.
En las personas con mucha ansiedad o dificultades de gestión emocional, las compulsiones prometen una calma momentánea que acaba generando mayor ansiedad a largo plazo. Se trata del mismo ciclo que las adicciones, la mente ansiosa recibe con la compulsión un momento de calma que actúa precisamente como un reforzador de la ansiedad. Cuando esa calma momentánea se pasa, el cerebro volverá a crear otro miedo o ansiedad porque quiere recibir el placer que recibe de la compulsión. De esta manera, la tolerancia a esas emociones y pensamientos cada vez es menor.
Por eso, el tratamiento para ello, como con las adicciones, pasa por la abstinencia de la compulsión o ritual. Esto se realiza gradualmente, al ritmo de la persona que esta realizando el cambio, con herramientas de exposición y prevención de respuesta (EPR) y ACT para de-fusionarse de los pensamientos. Alguien que necesita comprobar 10 veces si ha dejado las luces apagadas antes de salir de casa, pasará a hacerlo, 7 veces, por ejemplo, y así gradualmente irá bajando la frecuencia. Es un proceso incómodo, ya que la abstinencia es incómoda, pero es el proceso que lleva a la libertad de compulsiones desadaptativas.
De esta forma, no solo se consigue que la vida de la persona afectada mejore significativamente, sino que se adquiere una mayor tolerancia a sentir las emociones y pensamientos «indeseados» y a empezar a dirigir su vida hacia lo que realmente le importa, sin necesidad de «huir» de si mismo/a.

