Miedo, ansiedad y soluciónes rápidas

El miedo y la ansiedad nos llevan a realizar compulsiones que nos prometen una calma momentánea, pero que nos generan mayor ansiedad y miedo y menor tolerancia a esas emociones a largo plazo.

Esto pasa tanto a nivel individual como comunitario: si tenemos miedo al futuro o lo estamos pasando mal en el presente y nos prometen soluciones simples a problemas complejos, es fácil caer y acabar creyéndose discursos reduccionistas o creer que levantándote a las 4 de la mañana se va a solucionar tu vida.

No hay nada malo en levantarse a las 4 de la mañana, el problema es la razón por la que se hace. Si el origen de estas prácticas es el deseo de eliminar el malestar, es un mal negocio, ya que lo que conseguimos es que nuestra tolerancia al dolor disminuya.

Ante esto, el camino largo suele ser el real, sin secretos, manteniendo los pilares que nos importan a largo plazo. Puede ser cuidar de los amigos y la familia, cuidar nuestro cuerpo, divertirse, comprometerse con una causa, ponernos objetivos… El secreto es que no hay secretos. Una constancia de compromiso y esfuerzo moderados pueden ser los ingredientes para logros sostenibles en el tiempo.

El problema no son las compulsiones o la ansiedad, sino algo más profundo que se cambia con paciencia, acompañamiento, esfuerzo, compromiso y tiempo.

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